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Dogmas carnívoros


Imagen CC

Ya no es dios el que rige nuestro mundo,
ni el mito de leyendas del pasado,
la ciencia con razón ha destrozado
milenios de apariencia en un segundo.


Que al fin el hombre ha despertado,
de un sopor de pesadilla moribundo,
aún sumido en la náusea, vagabundo,
nuevamente al camino ha retornado.


Embaucado como un niño al arrullo
de siglos amañados con el canto
de un dios voraz que no era suyo.


Se avivó siendo presa, por el llanto,
reo en flor carnicera de un capullo:
por fuera bello amor, por dentro espanto.

Cielo S.A.

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No importa lo bueno
que fuera un humano
irá a algún infierno
si no era cristiano.


Ni importa en el Cielo
que aquí fuera malo,
si en algún momento
se arrepiente de algo.


Que su acogimiento
no es proceso largo.

Si tiene dinero,
si puede pagarlo,
con esfuerzo el clero,
al que esta abonado,
le evita el averno
y si no es muy tacaño
en muy pocas misas,
será perdonado.


Lo dispone el cura
y Dios le hace caso.
Que el Señor lo sabe
todo de antemano,
pero no consiente,
es que está el diablo
que por eso a veces
media el Vaticano
con un Papa siempre
como su encargado.

Y evitar nos tiente
con el vil pecado.


Ese Dios te quiere,
nos sudó del barro,
casi a todo cede
con dinero en mano,
si además le rezas
en la fe abnegado,
de ese amor rebosa
y te dará un milagro.


Que su acción no es cosa
de un bazar barato.
¡Viva el Dios sublime
que nos dio el pasado!
que al saber se estime
no es un Dios malvado
porque al hombre bueno
da pan de regalo
y al que muere un cielo,
si fue bautizado.


Aunque a voz de ateo
suene a mito urbano.


Que entregó a la muerte
como ejemplo humano,
de infinita suerte
a un crucificado,
que parece cruel
pero fue lo dado,
por amor inmenso
como eterno pacto.


Ya sé que es propenso
de un Señor tirano.


Pues así es el Dios
que aprendí estudiando
religión y dogmas
de un azar mundano,
donde te transforman,
como aborregado,
y si algo dudabas,
¡torpe!, “agua y ajo”.


Cuando Dios no estaba,
era el cura el amo.

Esencia de humano



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Abre las manos, tenaz y rotundo,
mira en el agua el brillo de estrellas,
pasión infinita al modo en que ellas
reflejan, lejanas, su luz a éste mundo.


Oye las voces que el eco profundo,
asido al aire de las cosas bellas,
cual viento de paz, arrasa las huellas
que al hombre de ayer, batió furibundo. 


Deja la bala y el fusil de fuego,
camina conmigo la senda sin guerra,
hablemos, mejor, de algún amor ciego.


Con alma de amigo, razón que aferra
la esencia humana que busca sosiego,
comparte, justo, lo que da la tierra.


Por no ceder la pluma ante la espada

“A veces cuando escucho todo el llanto 
me quiebro, me embravezco y duele tanto 

que escribo de manera desatada, 
por no cambiar la pluma por la espada.”

Roberto Menéndez






También yo me levanto y me rebelo,
al ver en este mundo tanto duelo.


Injusto el devenir de largas horas,
de aquellos que las viven opresoras.


Y escribo, como tú, de forma airada,
por no ceder la pluma ante la espada.


Pues ando persuadido en convicciones,
que evitan que la furia tome acciones.


Y abrigo soledades, de ira ciego,
por no ceder palabras ante el fuego.


El mundo y su injusticia evoluciona,
lo absurdo del dinero que amontona.


Observo tolerancia ante las penas
de gente fustigada entre cadenas.


Tan triste la burbuja de este asedio
que nunca en el poder se toma en serio.


No saben esculpir la dura roca
de esencia que en el hombre les evoca.


Y mueren mil por mil a cada año
por algo que hoy en día tiene apaño.


Más luego autodenuncian en sus pechos
tres falsas por semana ante los hechos.


Y a golpes se deforman en creyentes
de credos donde aturden inocentes.


Votando a ese aciago mensajero
que usa de la fe como embustero.


Cruzados con razones de chiquillos
se aplastan bajo el yugo de martillos.


Contemplo, como tú, rondar la muerte
del pobre como de norma de la suerte.


Su guía que de blanco los confunde
simula ser amigo mientras hunde.


(Me consta que prefiere la ignorancia
con tal de conseguir tan vil ganancia)


Y el pueblo que se nutre de sus credos
no tiene más opción ante los miedos.


Que a poco que se rete a tal arpía,
condena a cruel infierno su osadía.


Sabiendo en la desdicha todo el daño
no puedo contenerme ante el engaño.


Y escribo como tú, de forma airada
por no ceder la pluma ante la espada.


Se crece en ese dogma que alimenta,
hipócrita el teatro que cimenta.


El hombre por el hombre condenado
se mata ante la estafa del pecado.


¡Y Dios que lo permite tan clemente!,
¿o acaso es el Diablo el que consiente?


¿No hay nadie en este mundo de perjuros
capaz de nivelar nuevos futuros?


(La guerra entre las cosas que hipoteca
se lleva eternas vidas que deseca)


Y al ver tanta ponzoña en agua clara
pregunto, ¿qué será lo que le ampara?


E igual que tú me evado entre los versos,
por no ceñir en sombra a los perversos.


Son cínicos brutales y ambiciosos
humildes, de apariencia, dadivosos.


Que es cosa de unos pocos mal nacidos
haciendo su negocio de abatidos.


Y abrigo soledades, de eco ciego,
por no prender palabras ante el fuego.


Le niego en voz terrible la batalla
que muta y que destruye tan canalla.


Y escribo, como tú, de forma airada
por no ceder la pluma ante la espada.