A nadie...


Imagen CC


Ciertamente, nada tengo que ofrecer 
y nada puedo,
sino estas manos desnudas y acaso,
si es que algo,
la razón de intentarme que me guardo.


Solo tengo pies para los pasos,
solo arena donde yacen mis recuerdos,
y mil abismos de tropezar el infinito.


Ahora sé que los caminos son de piedra,
y los cruces de granito,
escrita entre el destino una quimera,
y una verdad, ¿qué verdad?,
un cincel forjándome la vida.


Solo tengo mi duda y mi palabra.


La razón deslumbra a tu mentira.


No sea en tí la voz que me tropiece.


Mira, la noche embiste de imposibles,
la noche arrecia,
pero tal vez por las cosas de la Luna
aunque entre sombras hiela,
más allá de los muros que nos crecen,
sea posible la luz de algún mañana.


Nada tengo que ofrecerte y nada quiera.
A despecho, ahora solo la voz de algún silencio.
Marcho, Mágina me espera.