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Y luego,
cuando
dancemos,
cuando metal y piedra,
cuando la voz sea voz,
y el silencio mudo,
bailaremos juntos la danza
de la vida,
en torno al molde de las cosas
y cantaremos tan solo canciones de verdad.
Parecerá
quizás,
pareciera,
que el cielo arde, pero no es fuego,
sólo lluvia azul de transparencias,
verás,
meteoritos de mentiras caídos sobre tierra.
Después que dibujemos
piruetas a las sombras,
y cinceles, si cinceles,
cada cual seguirá su ruta al universo
y, al menos, en ese día eterno
habremos burlado a la tristeza
y a toda la noche,
con todas sus sombras, sus sombras.
Descansaré
entonces
al amanecer de algún desierto.
Ángel Judas
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