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Nosotros,
los cinceles, que arrancamos
las cadenas que arrastraban las palabras,
martinetes obligados de las fraguas
que pretenden camino con sus manos.
Nosotros, que forzamos giro de los pernos
de las puertas cerrás a cal y canto
de los tiempos que al hombre deformaron
su avanzar eterno hacia los miedos.
Nosotros, que a la luna misma dimos forma,
y a las aves alas para el cielo,
y a la tierra piel de nuestros huesos,
y al ardor bullir entre las cosas.
Nosotros,
los que andamos solo tal que somos,
cual sendero mismo de nosotros,
se nos abre el mar ante los pasos,
el abismo en llano se transforma.
Ángel Judas
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