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Tus
labios son la sed de mi camino,
no importa cuánta piedra, cuántos cruces,
ni el peso
de esta barca si conduces
en aguas de tu piel mi peregrino.
Habré de andar mi sombra con tu luces,
mi ciega voz callada en tu felino
impulso de pasión y desatino,
el bosque de laurel que tú me induces.
No quieran ya mis anclas tierra firme
si no es el horizonte de tus pechos,
si no es tu boca el mar de mi ribera,
tu senda de mujer donde cubrirme
derivas de pasión y de barbechos.
Perderme en tus adentros me libera.
Ángel Judas
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